domingo 24 de octubre de 2010

treinta y tres.

Hoy he abierto el buzón y había una carta sin destinatario. En el remite sólo se leía Trenor. He fantaseado con que la hubiera escritor un astronauta anglosajón. O un baloncestista canadiense. O, incluso, un conde aficionado a las estilográficas y el sushi. La he abierto y era publicidad de una academia de mecanografía. Ahora lo que me curiosea es porque el cartero ha decidido que yo era el destinatario.